8 de marzo de 2021

"Yo era el más feliz jugando en mi santo querido"

Amor a San Martín de Tucumán fue la principal razón por la que Ricardo Troitiño siempre se mantuvo cercano a su equipo cuando jugaba al fútbol profesional y también cuando se retiró de las canchas. 




De los múltiples clubes que hicieron una oferta de trabajo a Ricardo Troitiño cuando jugaba al fútbol, o los diferentes clubes que dirigió cuando se asentó en la ciudad de Córdoba y de los diversos trabajos a los que se dedicó como el ser transportista escolar o tesorero en frigoríficos del interior cordobés, ninguno se asemejó a lo que fue y es San Martín de Tucumán para él. Es por eso que en un momento determinado de su vida se replanteó volver al “Mi primer amor”, como se refiere al equipo tucumano. Fue el lugar en el que se formó gran parte de su vida y que estuvo presente en momentos tan preciados para el ídolo de los “Cirujas”. Vaya donde vaya Ricardo, siempre lo acompañan los colores, y es un placer para él vivir de su “querido San Martín”. Sí, así llama a su club.

El inicio de Ricardo en el fútbol es muy diferente al que se da generalmente en estos últimos años. Cuando el deporte era “distinto”, Troitiño tuvo su primer contacto con San Martín en un campeonato de fútbol en Ciudadela. “Jugaba campeonatos de fútbol solamente con mis amigos, nunca pensé jugar de forma profesional. En la cancha de San Martín se hizo un campeonato al que asistí y los dirigentes fueron a buscarme, yo no quería jugar, firmé para que me dejaran de molestar, pensé que nunca me iban a hacer jugar”, confesó.

El no querer jugar nunca de forma profesional es entendible para la etapa de vida del ex San Martín debido a que en esos momentos el jugaba fútbol y básquet por placer con sus amigos, incluso interactuaba con la pelota naranja más que con la número 5. “Jugaba al básquet todos los días, era hincha de Central Córdoba porque ahí jugaba Carlos Eduardo Romano, mi ídolo”, explicó Ricardo y agregó: “Me gustaba ir a ver las finales. Alberdi, Tucumán BB, All Boys y Central Córdoba eran los equipos que veía”.
Ricardo Troitiño no tuvo un inicio fácil en San Martín, una serie de cuestiones complicaban su comodidad en el club. “Mi primera lesión fue en 1981, una quebradura en el peroné en un partido de reserva contra Atlético Concepción, justo en mi debut en San Martín. Después no quería volver más”.
Las cosas comenzaron a marchar por una mejor corriente cuando Ricardo volvió a recibir un llamado por parte del “Santo” y nuevamente sus preparativos con los entrenamientos. “Me volvieron a buscar en 1982 y comencé a entrenar de nuevo a los 20 años. Casi no vuelvo porque no me pusieron en dos partidos cuando comencé a entrenar”. Finalmente, Ricardo tuvo el momento esperado, lo que no sabía aun es que en ese momento iba a tener un gran giro en su vida y una cercanía más allá de jugador de equipo con el club. Su vuelta fue en la cuarta categoría, sobre su primer encuentro comentó: “Fue en cancha de All Boys contra el dueño de casa. Se lesionó el 7, me hicieron entrar en esa posición y marqué un gol”.
Luego de la insistencia de Ricardo para jugar contra All Boys surgieron complicaciones en sus siguientes partidos debido a que lo hacían jugar de 7 en cancha, se sentía más cómodo como media punta y no tanto por los laterales. Le gustaba moverse por toda la cancha, siempre.
De todas formas, Ricardo Troitiño supo acomodarse en el campo y luego de una serie de partidos la dirigencia tomó una decisión veloz con el futuro del joven jugador. “Jugué 3 partidos en reserva y Don Reynoso me llevó a primera en el mismo año que comencé en San Martin”. Y concluyó. “Jacinto Eusebio Roldán fue mi mayor sostén cuando comencé en primera”.
La relación del “Eterno”, como lo llama Dardo Cacieccio, enfermero de las inferiores de San Martín, con Jacinto Eusebio Roldán fue un gran aporte para el cariño que Ricardo desarrollaba al club y un sostén como lo había comentado. Jacinto Roldán y Mirkin realizaban apuestas, si Jacinto hacia goles Natalio le pagaba y si no hacía goles Eusebio le pagaba a Natalio. Ricardo los vio un día y lo llamaron. “Me dijeron, nosotros te damos plata por cada asistencia de gol que hagas, Jacinto me cargaba diciendo que yo no hacía goles para darle pases a él y yo cobrar debido a que esperaba a que llegara al área para darle la pelota”, comentó acerca de sus apuestas y proceso que reforzó su amistad con Jacinto Eusebio Roldán.

Ricardo junto a Eusebio y Noriega.

De categoría en categoría Ricardo iba mejorando como jugador hasta que llegó el momento de su debut en primera y fue el clásico tucumano. “Perdíamos 1-0 contra Atlético Tucumán y el técnico decide hacerme entrar, la gente gritaba para que van a poner a esa ‘cagada’ y quedé de titular”.
Antes de llegar a primera en el año 1988 tuvo que prepararse para el desafío que aún desconocía que iba a recibir, simplemente pasar de la Liga Tucumana a una categoría semiprofesional como la tercera de Argentina lo obligó a formarse diferente a como lo hacía anteriormente, esto requería un nuevo nivel de superación. “En la Liga era muy fácil desmarcarse, en las primeras categorías me era muy difícil, me desmarcaba y ya lo tenía de nuevo a la par mía marcándome de nuevo”.
Para la temporada 88/89 de la primera división del fútbol argentino San Martín de Tucumán hizo una hazaña histórica para el fútbol argentino cuando ascendió a la máxima argentina sin jugar la B Nacional, desde la tercera categoría.  

RECUERDOS QUE NO VOY A OLVIDAR
Jugar en la primera del fútbol argentino fue algo grande para Ricardo Troitiño, recuerda el partido de Boca 1-6 San Martín con una serie de sentimientos diferentes. Con enojo siempre se acuerda de las palabras de Mauro Viale antes del partido. "Decía que Boca jugaba contra un equipito”. Luego expresó: “Juan Simón fue expulsado por hacerme una falta a mí y comienza a abrirse el partido, en ese encuentro hacíamos goles y nos insultaban Marangoni y Carrizo, tenían mucha impotencia de cómo aumentaba el resultado”
Con gracia Ricardo se acuerda de aquel momento en el que Boca ya tenía una derrota asegurada frente a San Martín y comenta. “Quería hacerle un gol de caño a Navarro Montoya y Jorge López se enojó conmigo por no dar pase y le dije vamos 6-1 ya hice tres asistencias quiero hacer un gol”. 

Plantel de 1988, a la derecha inferior Ricardo Troitiño.

Fue de los titulares indiscutibles del “Santo” en esa época y las ofertas de otros clubes no pasaron desapercibidas. Tuvo chances de irse a Independiente, Huracán y San Lorenzo, pero decidió quedarse en San Martín por la relación que tenía con Natalio Mirkin, es aquí donde su amor por la camiseta y por las personas que formaban parte del club decidió continuar su carrera en Tucumán. “Tuve una relación muy linda, donde Natalio me admiraba como jugador y me cuidaba. Nunca quería que me fuera de San Martín, a pesar de tener todos los años posibilidades de irme me pedía que no me fuera y yo aceptaba, yo era el más feliz jugando en Mi Santo Querido”.
El apoyo por parte de su familia siempre fue presente en la vida de Ricardo tanto en los buenos momentos como en los malos, alimentaban su cariño hacia el club y daban ánimos. Su mamá siempre le cocinaba algo liviano cuando tenía entrenamiento y siempre que volvía a casa tenía un plato de carbohidratos para recuperar las energías cuando concluía la jornada. El ídolo ciruja siempre estuvo orgulloso del afecto que recibió en su carrera. “Mi vieja y hermana todos los días que jugaba ponían la radio, estaban muy orgullosas y yo feliz por el apoyo que recibía por parte de ellas, mi familia siempre fue maravillosa”. 
En 1993 Ricardo tomó una decisión muy difícil para todo jugador de fútbol: Retirarse. 
Desde 1992 que Ricardo ya casi no era tenido en cuenta para los partidos y es una situación complicada de entender si no se está en los pies de la persona, igual, la familia siempre estuvo. “Mi viejo, mi vieja, mi hermana y mi esposa me ayudaron mucho a llevar ese momento difícil”, expresó Ricardo.
Colgó los botines y ya no podía mantenerse con el fútbol, entonces se dedicó a manejar un transporte escolar para sustentarse, se fue a vivir a Córdoba con el mismo objetivo de oficio y no se dio por una falta de coordinación por parte de quien lo contrataba, por lo que se dedicó al rubro de la carne en un frigorífico de Arroyito, hasta el 2004. “En el 2004 dejé de trabajar por complicaciones de mi jefe y la “Chancha” Ale en 2005 me ofreció trabajo en San Martín para dirigir las inferiores, me había pedido Carlos Roldán junto a Pedro Robles como ayudantes”.
Por complicaciones familiares tuvo que volver a Córdoba en el mismo año que comenzó en San Martín, no había pasado mucho tiempo en las inferiores y nuevamente por complicaciones tuvo que separarse de su “primer amor”. En Córdoba trabajó nuevamente en el frigorífico de Arroyito hasta el 2013, y volvió a tener contacto con el fútbol. “Me llamaron unos amigos de la comisión de Unión de San Vicente en 2013 para dirigir. Yo les comenté que si recibía noticias de San Martín me iba. En 2015 dirigí la reserva de Deportivo Banfield y luego comencé en la primera”, recordó su regresó al fútbol.
En 2012 y 2013, año que vuelve a tener contacto con el fútbol, Ricardo se replantea las cosas, ¿Por qué no me puedo dedicar a esto? ¿Por qué no puedo hacer el curso de técnico y en algún momento volver a San Martín? Fueron las preguntas que sonó en la cabeza del técnico de inferiores de Unión de San Vicente. Ante esta incógnita Ricardo no quedó a brazos cruzados y decidió, al mismo tiempo que dirigía la reserva, hacer el curso de técnico en Córdoba y el esfuerzo dio sus frutos.
Finalmente, Ricardo Troitiño volvió al club donde fue formado gran parte de su vida, el gran momento que esperó llegó a sus oídos con la noticia de que lo necesitaban en San Martín. De no querer jugar en San Martín cuando tenía 20 años a amar el club son cosas que nos deja el deporte y demuestra que puede despertar increíbles sentimientos. “De Camilo me llamó para dirigir la primera de la Liga, arreglé mis cosas y me volví a Tucumán”, declaró Ricardo y concluyó: “Pasé casi todas las categorías de San Martín y mi último campeonato fue la reserva de AFA cuando San Martín estaba en primera división”.












La vida de Ricardo es de aquellas que despierta curiosidad con las situaciones que hace tropezar la vida, de no querer jugar en San Martín cuando lo buscó la dirigencia luego de aquel campeonato que disputó con sus amigos, no querer volver más al club por una lesión sufrida y casi abandonar a San Martín por estar mucho tiempo sin jugar, a conocer personas tan importantes en su vida como los son Natalio Mirkin y Jacinto Eusebio Roldán. Desarrollar amor, cariño y sentirse como en casa en una institución y vivir de San Martín como lo hace hoy en día Ricardo Troitiño dirigiendo las inferiores de su “Primer amor”, como él ya lo mencionó. 

Mauro Caballero.
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