Amar el fútbol y vivir al frente de una cancha es lo mejor que le puede pasar a un niño, y más aún si el sueño de ese pibe se hace realidad. Dante Pellegrino se convirtió en futbolista a fines de los ‘70 y se consagró en la década de los ‘80. Admiraba a Oscar ‘pinino’ Más, su ídolo. Ambos zurdos, bajitos, veloces, de buenas pegadas, jugaban pegados a la raya, como se define él: “wing izquierdo que hoy no existe”.
Nació en una humilde
casa de la Bolívar, a escasos 20 metros de la puerta de entrada de la cancha de
San Martín. Desde muy chico amaba estar con la pelota, su regalo favorito de
cumpleaños, Navidades, Reyes, día del Niño y todas oportunidades que tenía para
pedir era siempre el mismo. Con su balón bajo el brazo, cruzaba la calle e iba
a pelotear dentro de la cancha con sus amigos.
Allí creció, no tenía otro pasatiempo, “Si
mi mamá no me encontraba en la calle, seguro estaba en la cancha”, cuenta con
nostalgia.
Pero la vida le metió el primer gol, la muerte de su papá, cuando aún era muy pequeño.
Magdalena, su mamá, tuvo que ponerse la familia al hombro. Dante no se dio por
vencido, se levantó, agarró la pelota y sacó del medio. Con tan solo 11 años
empezó a trabajar en la Caja Popular, para ser niño cantor y luego cadete, el
sueldo que ganaba le alcanzaba para ayudar a su mamá y a sus hermanos.
Mientras trabajaba seguía ligado a San Martín participando de los torneos Evita, realizando giras por Buenos Aires y otras provincias. “Por la mañana estaba en la Caja Popular y por tarde entrenaba, a veces me costaba estar al ritmo de mis compañeros por falta de práctica”, cuenta Pellegrino. De esa manera, hizo las inferiores dentro del club, “Natalio Mirkin me llamó un día y me dice ‘Pellegrino, dejá el laburo y yo te hago un contrato profesional, pero vení a entrenar mañana y tarde’. Mi vieja no quería saber nada con que dejara la Caja Popular porque era algo seguro, que ayudaba a vivir a la familia”, cuenta Dante.
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| DE PALOMITA: Pellegrino marca su primer gol en el "Santo" |
A principios de 1980, Reynaldo Volken (en ese entonces técnico de Unión de Santa Fe) vino a Tucumán en busca de un refuerzo para su equipo. El partido que tenía previsto ver era San Martín y Sportivo Guzmán, más precisamente al 11 del Santo. Pero la historia cambió, mientras Volken estaba lustrándose los zapatos, el humilde trabajador le dijo: “Mírelo al wing izquierdo de Sportivo”. Y ahí fue que apareció Unión en su destino.
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| Formación de Unión vs Boca en 1980, Pellegrino entró a los 75 minutos. |
En Santa Fe fue muy feliz, a la par de grandes jugadores como Pumpido, Pitarch, Ali, Cárdenas, entre tantos otros cracks. “Mi debut en Unión fue en la Bombonera, frente a Boca en 1980. Boca nos ganó 2 a 0 con goles de Ribolzi y Outes”. Era muy querido por sus colegas, a pesar de su juventud, los más experimentados siempre lo trataron muy bien, lo ayudaron a crecer futbolísticamente y profesionalmente. “Pumpido me invitaba a comer a su casa, allí iba Pitarch, todos los grandes, jugadores de selección, en ese momento uno no dimensiona las cosas, recién cuando pasa te cae la ficha”, relata con emoción Pellegrino.
- -Además de ayudarte tanto profesionalmente como persona ¿Las concentraciones eran bravas?
“Sí. No podías distraerte
porque si no te agarraban de punto. Una vez estábamos en Buenos Aires, teníamos
que jugar contra Boca. Concentrábamos en un hotel de Florida, yo estaba parado
en la puerta y viene uno de atrás y me baja el pantalón, la gente se mataba de
risa y yo imagínate, colorado. Después teníamos que andar con las manos en los
bolsillos, sino te bajaban en cualquier lado, plena peatonal, no les importaba.
Al tiempo, agarré confianza y ya me prendía yo también a las bromas”.
Estando en Unión, en
1980, le tocó enfrentar a uno de los
mejores jugadores de todos los tiempos, Diego
Armando Maradona, que recién empezaba jugando para Argentinos Juniors. “Yo
estaba en el banco ese día, entré los últimos 15 minutos. Era un tipo mochito,
se notaba que era un fenómeno. De hecho, perdimos por un gol de él. Lo sacó a
pasear a Cárdenas, lo enganchó para un lado, para el otro y golazo. Si hubiese
sido más vivo le pedía una foto”, recuerda con añoranza y más aún que hoy Maradona ya no está en esta
tierra.
En 1981, el tatengue lo vende al “Turco” Ali al Real
Valladolid y pretendía quedarse con Pellegrino como wing izquierdo, pero cuando
fueron a negociar con Sportivo Guzmán le pidieron muchísimo dinero y tuvo que
volverse a Tucumán. En ese momento comenzó el karma juliano.
Antes de volver, estuvo un mes en Independiente de
Avellaneda a prueba. Ahí vio grandes monstruos: Bochini, Clausen, Giusti,
Burruchaga, entre otros genios. “La
experiencia en Independiente fue muy fuerte, el que me llevaba y me traía de los
entrenamientos era el arquero uruguayo Goyen”. Además confesó lo que le
dijo el ex portero sobre su habilidad, “Tucumano
vos sos muy buen wing izquierdo, acá no hay uno tan rápido como vos, seguro que
vos quedas”. Pero el destino no quiso que sea así y tuvo que volver a
Sportivo.
Apenas llegó a “Los triperos” le comunicaron que debía
armar las valijas para irse a Gimnasia y Tiro de Salta. Es decir, no lo
quisieron vender a Unión porque ya lo tenían prestado a los salteños.
Nuevamente estuvo un año y luego volvió a Tucumán para pasar a Estudiantes de
Santiago del Estero, allí compartió plantel con un ídolo del Santo, José “capo”
Noriega. Gracias a su paso por Santiago, acompañado por el mejor gol de toda su
carrera, fue que casi termina escalando a Cerro Porteño de Paraguay. “Una noche después de ese golazo que metí a Guaraní Antonio Franco en Misiones, estábamos en el hotel, me estaba bañando cuando toca la
puerta Noriega y dice, ‘baja que nos esperan los representantes de Cerro
Porteño’. Me preguntaron a quién pertenecía y les respondí que a Sportivo
Guzmán, cuando van a negociar con ellos, le pidieron el estadio más o menos
para el pase, me truncaron la carrera por segunda vez”, contó con
desanimo.
Contanos un poco más sobre tu mejor gol en toda tu carrera profesional...
“El mejor gol de mi carrera, cuando jugaba en Estudiantes de Santiago contra un equipo de Misiones. El gol viene de un córner de ellos, yo era el único que no estaba defendiendo. Mi arquero agarra la pelota y me la tira, yo la bajo de pecho y le pego 3 dedos de mitad de cancha con el arquero adelantado. Un golazo, después de eso me vino a buscar Cerro Porteño”.
Otro de los caminos truncados fue cuando el uruguayo
Pierino Latuada (compañeros en Unión) volvía a su tierra natal, para retirarse.
“Estando allá se comunica con mi hermano
y le dice que me quería llevar a jugar en un equipo de Uruguay, que le pidiera
a Sportivo que le pusiera un precio, que me compraba. En ese entonces Sportivo
no quería decirme cuanto valía, tuve que amenazar con que no iba a jugar el
domingo si no me decía cuanto valía, el viernes antes del encuentro me dicen el
precio, y cuando lo hablo a Pierino me dice ‘no ‘pinino’ es mucho lo que piden,
no llego a esa plata’”. También tuvo otro pase frustrado, a Atlético
Tucumán. “Ya estaba todo arreglado,
estábamos todos sentados en una mesa, los dirigentes de ambos equipos y yo.
Estaba todo acordado cuando el presidente de Sportivo le pide un cheque
personal al mandamás de Atlético, no le pedía un cheque del club, uno
personal”, manifiesta con euforia y desazón. Y obvio, no se realizó.
En 1985, pasó a Atlético Concepción y en 1989 al fin, con el pase en poder terminó su carrera deportiva en Previsión Social. Allí le prometieron trabajo a futuro a cambio de su pase, promesa que nunca llegó.
SU ÍDOLO
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| El maestro y el discípulo juntos: El día que Pellegrino conoció a su referente futbolístico |
La vida le regalo otro gol, conocer a su máximo ídolo de toda la vida, de quien también lleva su apodo futbolero, Oscar ‘Pinino’ Más. El ex jugador de River Plate vino de visita a la provincia y fue invitado a jugar con el equipo de Previsión Social. Allí estaba su discípulo, quien no podía dejar de admirarlo, maestro y alumno, jugaron un amistoso, que quedara guardada en la memoria del ‘pinino tucumano’.
EMI, SU NUEVA VIDA
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| En su oficina a cargo de la logística |
En 1991, dejó el fútbol y entró a trabajar lo que es hoy su segunda casa EMI (establecimiento metalúrgico industrial). Pasó por las distintas sucursales de la empresa. Ahora quedó fijo en Los Vallistos. Es el encargado de logística, controla la entrada y salida de las mercaderías hacia las distintas filiales. EMI, una reconocida empresa metalurgica que vende materiales de construccion. La compañia actualmente tiene varias sucursales en Tucumán, logrando expandirse en las provincias de Jujuy, Salta y Santiago del Estero.
Piensa que es cosa del destino, del fútbol o falta de representante que no pudo pegar el salto económicamente, pero a pesar de todo eso no se arrepiente de haber vivido lo más lindo, ser jugador profesional, como canta el tango de Reinaldo Yiso, "el sueño del pibe se hizo realidad".
Jorge Sebastián Jesús Silva
Instagram: yorch.silva
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Facebook: Jorge Silva







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