22 de febrero de 2021

La "Ciudadela" es mi casa

Amar el fútbol y vivir al frente de una cancha es lo mejor que le puede pasar a un niño, y más aún si el sueño de ese pibe se hace realidad. Dante Pellegrino se convirtió en futbolista a fines de los ‘70 y se consagró en la década de los ‘80. Admiraba a Oscar ‘pinino’ Más, su ídolo. Ambos zurdos, bajitos, veloces, de buenas pegadas, jugaban pegados a la raya, como se define él: “wing izquierdo que hoy no existe”.


Nació en una humilde casa de la Bolívar, a escasos 20 metros de la puerta de entrada de la cancha de San Martín. Desde muy chico amaba estar con la pelota, su regalo favorito de cumpleaños, Navidades, Reyes, día del Niño y todas oportunidades que tenía para pedir era siempre el mismo. Con su balón bajo el brazo, cruzaba la calle e iba a pelotear dentro de la cancha con sus amigos.  Allí creció, no tenía otro pasatiempo, “Si mi mamá no me encontraba en la calle, seguro estaba en la cancha”, cuenta con nostalgia.
Pero la vida le metió el primer gol, la muerte de su papá, cuando aún era muy pequeño. Magdalena, su mamá, tuvo que ponerse la familia al hombro. Dante no se dio por vencido, se levantó, agarró la pelota y sacó del medio. Con tan solo 11 años empezó a trabajar en la Caja Popular, para ser niño cantor y luego cadete, el sueldo que ganaba le alcanzaba para ayudar a su mamá y a sus hermanos.  

Mientras trabajaba seguía ligado a San Martín participando de los torneos Evita, realizando giras por Buenos Aires y otras provincias. “Por la mañana estaba en la Caja Popular y por tarde entrenaba, a veces me costaba estar al ritmo de mis compañeros por falta de práctica”, cuenta Pellegrino. De esa manera, hizo las inferiores dentro del club, “Natalio Mirkin me llamó un día y me dice ‘Pellegrino, dejá el laburo y yo te hago un contrato profesional, pero vení a entrenar mañana y tarde’. Mi vieja no quería saber nada con que dejara la Caja Popular porque era algo seguro, que ayudaba a vivir a la familia”, cuenta Dante.  


DE PALOMITA: Pellegrino marca su primer 
gol en el "Santo"
 
Tras varias idas y vueltas, llegó el contrato y debutó profesionalmente como jugador en la primera en 1977, contra Ñuñorco de Monteros en la cancha de Atlético de la mano de Juan Carlos Carol. “El día que debuté fue fantástico, hasta metí un gol de cabeza, increíble lo que fue esa tarde”, recordó todavía ilusionado. Su paso por San Martin duró un año, gracias a sus buenas actuaciones, lo compró Sportivo Guzmán, pedido por Juan Carlos Carol que había llegado al club. “San Martín quería comprar 2 jugadores de Sportivo Guzmán y Carol que ya me conocía, le dijo a los dirigentes ‘Julianos’, ‘si Pellegrino no viene no quiero ningún trueque’, así fue el pase”. Allí supo ganarse la hinchada de  Sportivo, con sus 3 goles a Atlético Tucumán, todos de tiros libres. Los goles se los hizo al “Loco” Bernuncio, ex arquero de Boca y fiel imitador de Gatti en su forma de vestir y de salir a jugar con la pelota fuera del área.

A principios de 1980, Reynaldo Volken (en ese entonces técnico de Unión de Santa Fe) vino a Tucumán en busca de un refuerzo para su equipo. El partido que tenía previsto ver era San Martín y Sportivo Guzmán, más precisamente al 11 del Santo. Pero la historia cambió, mientras Volken  estaba lustrándose los zapatos, el humilde trabajador le dijo: “Mírelo al wing izquierdo de Sportivo”. Y ahí fue que apareció Unión en su destino.

Formación de Unión vs Boca en 1980, 
Pellegrino entró a los 75 minutos
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En Santa Fe fue muy feliz, a la par de grandes jugadores como Pumpido, Pitarch, Ali, Cárdenas, entre tantos otros cracks. “Mi debut en Unión fue en la Bombonera, frente a Boca en 1980. Boca nos ganó 2 a 0 con goles de Ribolzi y Outes”. Era muy querido por sus colegas, a pesar de su juventud, los más experimentados siempre lo trataron muy bien, lo ayudaron a crecer futbolísticamente y profesionalmente. “Pumpido me invitaba a comer a su casa, allí iba Pitarch, todos los grandes, jugadores de  selección, en ese momento uno no dimensiona las cosas, recién cuando pasa te cae la ficha”, relata con emoción Pellegrino.

-   -Además de ayudarte tanto profesionalmente como persona ¿Las concentraciones eran bravas?

“Sí. No podías distraerte porque si no te agarraban de punto. Una vez estábamos en Buenos Aires, teníamos que jugar contra Boca. Concentrábamos en un hotel de Florida, yo estaba parado en la puerta y viene uno de atrás y me baja el pantalón, la gente se mataba de risa y yo imagínate, colorado. Después teníamos que andar con las manos en los bolsillos, sino te bajaban en cualquier lado, plena peatonal, no les importaba. Al tiempo, agarré confianza y ya me prendía yo también a las bromas”.

Estando en Unión, en 1980,  le tocó enfrentar a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, que recién empezaba jugando para Argentinos Juniors. “Yo estaba en el banco ese día, entré los últimos 15 minutos. Era un tipo mochito, se notaba que era un fenómeno. De hecho, perdimos por un gol de él. Lo sacó a pasear a Cárdenas, lo enganchó para un lado, para el otro y golazo. Si hubiese sido más vivo le pedía una foto”, recuerda con añoranza y más aún que hoy Maradona ya no está en esta tierra. 

En 1981, el tatengue lo vende al “Turco” Ali al Real Valladolid y pretendía quedarse con Pellegrino como wing izquierdo, pero cuando fueron a negociar con Sportivo Guzmán le pidieron muchísimo dinero y tuvo que volverse a Tucumán. En ese momento comenzó el karma juliano.

Antes de volver, estuvo un mes en Independiente de Avellaneda a prueba. Ahí vio grandes monstruos: Bochini, Clausen, Giusti, Burruchaga, entre otros genios. “La experiencia en Independiente fue muy fuerte, el que me llevaba y me traía de los entrenamientos era el arquero uruguayo Goyen”. Además confesó lo que le dijo el ex portero sobre su habilidad, “Tucumano vos sos muy buen wing izquierdo, acá no hay uno tan rápido como vos, seguro que vos quedas”. Pero el destino no quiso que sea así y tuvo que volver a Sportivo.

Apenas llegó a “Los triperos” le comunicaron que debía armar las valijas para irse a Gimnasia y Tiro de Salta. Es decir, no lo quisieron vender a Unión porque ya lo tenían prestado a los salteños. Nuevamente estuvo un año y luego volvió a Tucumán para pasar a Estudiantes de Santiago del Estero, allí compartió plantel con un ídolo del Santo, José “capo” Noriega. Gracias a su paso por Santiago, acompañado por el mejor gol de toda su carrera, fue que casi termina escalando a Cerro Porteño de Paraguay. “Una noche después de ese golazo que metí a Guaraní Antonio Franco en Misiones, estábamos en el hotel, me estaba bañando cuando toca la puerta Noriega y dice, ‘baja que nos esperan los representantes de Cerro Porteño’. Me preguntaron a quién pertenecía y les respondí que a Sportivo Guzmán, cuando van a negociar con ellos, le pidieron el estadio más o menos para el pase, me truncaron la carrera por segunda vez”, contó con desanimo. 

Contanos un poco más sobre tu mejor gol en toda tu carrera profesional...

El mejor gol de mi carrera, cuando jugaba en Estudiantes de Santiago contra un equipo de Misiones. El gol viene de un córner de ellos, yo era el único que no estaba defendiendo. Mi arquero  agarra la pelota y me la tira, yo la bajo de pecho y le pego 3 dedos de mitad de cancha con el arquero adelantado. Un golazo, después de eso me vino a buscar Cerro Porteño”.

Otro de los caminos truncados fue cuando el uruguayo Pierino Latuada (compañeros en Unión) volvía a su tierra natal, para retirarse. “Estando allá se comunica con mi hermano y le dice que me quería llevar a jugar en un equipo de Uruguay, que le pidiera a Sportivo que le pusiera un precio, que me compraba. En ese entonces Sportivo no quería decirme cuanto valía, tuve que amenazar con que no iba a jugar el domingo si no me decía cuanto valía, el viernes antes del encuentro me dicen el precio, y cuando lo hablo a Pierino me dice ‘no ‘pinino’ es mucho lo que piden, no llego a esa plata’”. También tuvo otro pase frustrado, a Atlético Tucumán. “Ya estaba todo arreglado, estábamos todos sentados en una mesa, los dirigentes de ambos equipos y yo. Estaba todo acordado cuando el presidente de Sportivo le pide un cheque personal al mandamás de Atlético, no le pedía un cheque del club, uno personal”, manifiesta con euforia y desazón. Y obvio, no se realizó.

En 1985, pasó a Atlético Concepción y en 1989 al fin, con el pase en poder terminó su carrera deportiva en Previsión Social. Allí le prometieron trabajo a futuro a cambio de su pase, promesa que nunca llegó. 




 SU ÍDOLO

El maestro y el discípulo juntos: El día que
Pellegrino conoció a su referente futbolístico


La vida le regalo otro gol, conocer a su máximo ídolo de toda la vida, de quien también lleva su apodo futbolero, Oscar ‘Pinino’ Más. El ex jugador de River Plate vino de visita a la provincia y fue invitado a jugar con el equipo de Previsión Social. Allí estaba su discípulo, quien no podía dejar de admirarlo, maestro y alumno, jugaron un amistoso, que quedara guardada en la memoria del ‘pinino tucumano’.




 EMI, SU NUEVA VIDA

En su oficina a cargo de la logística

En 1991, dejó el fútbol y entró a trabajar lo que es
 hoy su segunda casa EMI (establecimiento metalúrgico industrial). Pasó por las distintas sucursales de la empresa. Ahora quedó fijo en Los Vallistos. Es el encargado de logística, controla la entrada y salida de las mercaderías hacia las distintas filiales. EMI, una reconocida empresa metalurgica que vende materiales de construccion. La compañia actualmente tiene varias sucursales en Tucumán, logrando expandirse en las provincias de Jujuy, Salta y Santiago del Estero.


Piensa que es cosa del destino, del fútbol o falta de representante que no pudo pegar el salto económicamente, pero a pesar de todo eso no se arrepiente de haber vivido lo más lindo, ser jugador profesional, como canta el tango de Reinaldo Yiso, "el sueño del pibe se hizo realidad".














Jorge Sebastián Jesús Silva
Instagram: yorch.silva 
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