Apasionado por las artes marciales, Sebastián Orellana divide sus horarios entre el dojo, estudios y trabajo.
Tiene 26 años, es el menor de tres hermanos y el
único hijo varón. Se dedica al karate desde los 4 años por impulso de su mamá: “Me inicié por mi mamá, como mi papá no
estaba mucho tiempo con nosotros por el trabajo, y para que no esté tanto
tiempo en la casa me llevó a distintos deportes. Hice fútbol y karate, pero
desde chiquito me incliné por el arte marcial. Igual ahora mi mamá reniega
porque pasó mucho tiempo fuera de casa”, recordó con amor y una sonrisa en
su rostro.
Con tan corta edad, siendo un niño muy inquieto
(como él se describe) y apoyado siempre por su familia, comenzó un viaje de
aprendizajes, con aciertos y tropiezos que forjaron su carácter y lo
convirtieron en el adulto que es hoy. Una persona solidaria dispuesta a ayudar
siempre a los demás. “Se sienta a escuchar todos tus problemas, es
una persona maravillosa que está atento a todo lo que uno necesita”, así lo define su hermana
Belén.
Lo que realmente vale la pena requiere esfuerzo,
valentía y compromiso y bajo esa ecuación se preparaba para su primer
sudamericano: “Tenía 12 años en mi primer
sudamericano, viajé solo. Ese viaje no lo pagó la Federación, lo tuve que pagar
yo, y para poder viajar hice rifas y mi papá aportó casi el 90% del viaje. Mis
padres me han criado haciéndome ver que lo fácil no te lleva a ningún lado”.
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| Medalla de Plata por equipos. Sudamericano 2012. |
De esa forma
emprendió vuelo con una sola cosa resonando en su mente, las palabras de Julio
(su padre). “Me dijo que lo
disfrutara. Que vaya sin responsabilidades de nada, que no sienta ninguna
mochila por el esfuerzo. Que disfrute y que haga lo que me gusta hacer”.
Sin embargo, recuerda que Graciela (su madre) estaba triste porque era la
primera vez que se iba mucho tiempo lejos de casa pero que después se
acostumbró. “Fue un esfuerzo muy grande
pero tuvo sus frutos”, recordó.
Estuvo en la selección infantil, juvenil y de mayores. Actualmente es competidor de la Selección Argentina y capitán de la selección tucumana de karate en combate.
Orellana se considera una persona muy competitiva, “soy un competidor nato. Si juego al ta te ti, me gusta ganar, si juego al truco, me gusta ganar. Entreno para ganar”. Y así lo viene demostrando. Obtuvo medalla de plata por equipos en los Sudamericanos de Lima, Perú en el año 2012; oro nacional 2015 (categoría junior 78 kg), y campeón argentino 2019 (en 75 kg). Además de karate, practica jiujitsu (arte marcial brasilera) desde hace 3 años y también se destaca a lo grande: Fue campeón tucumano 2019 (categoría leve 76 kg).
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| Oro Ncacional 2015 (categoría junior 78 kg). |
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| Campeón de jiujitsu 2019 (categoría leve 76 kg). |
Hay mucha dedicación y sacrificio detrás de todos
esos logros, “se deja de lado mucho los
amigos, las salidas. He perdido casamientos de amigos, 15 años de primas,
cumpleaños de mi mamá pero no me arrepiento, sino no estaría en donde estoy”.
“El
karate es mi vida. Respiro karate desde que abro los ojos. Vivo mi vida
alrededor del karate. Todo lo que hago sea o no dentro del dojo, tiene que ver
con el karate”. Por eso asegura que las personas no
entienden el compromiso que tiene con este deporte, “mis amigos me dicen que soy un loquito, por qué no entienden cuando
les digo que no puedo ir a un asado porque tengo que entrenar o tengo que dar
clases. Si me he perdido uno que otro asado por culpa del karate. Pero bueno,
trato de no perdérmelos”, confiesa entre risas.
La pandemia puso en pausa todas las competiciones
deportivas y a consecuencia de eso todavía no se sabe con exactitud cuándo arrancarían
los eventos en el país. “Tenemos un
calendario armado pero por la pandemia no se sabe muy bien, pero para abril
tenemos un torneo en Mar del Plata que es la Copa Atlántico. Con ese torneo se
abren las fechas nacionales y te abre las puertas para que estés o no un año
más en la Selección Argentina”.
Tu pelea más difícil...
“Mi primer pelea en mayores, fue en Tucumán, con un chico que estaba segundo en el ranking a nivel nacional, me había pegado bien fuerte, estaba casi inconsciente y lo único que escuchaba eran las voces de mis compañeros y de mi papá que decían que me levante. Me puse de pie, seguí y por un punto gané la pelea”.
¿Si tuviera que elegir una de las disciplinas?
“Las dos, karate es mi vida, pero en jiujitsu encontré mi segundo amor, mi segundo lugar en el mundo”.
Cuando no entrena, estudia, ya que está muy cerca de recibirse de profesor de educación física. Además se da tiempo para trabajar en la administración de la empresa Maxiconsumo: “Trabajo de lunes a sábados. Mis días son largos, comienzo desde las 8 de la mañana hasta las 10. Entreno parte física, luego paso al trabajo hasta las 14:30 o 18:30 dependiendo el día, después hago mi entrenamiento de karate y jiujitsu. Estoy volviendo a mi casa a las 23 horas”.
Con tantas obligaciones durante la semana, pareciera
que no tiene tiempo para divertirse. Sin embargo Sebastián aprovecha su momento
libre para jugar al fútbol, “soy fanático
de San Martín. Falté varias veces a
entrenar o a trabajar por viajes con San Martín”, confiesa inflando
el pecho.
El karate proporciona a sus practicantes el valor de
descubrirse y desarrollarse. Y Seba lo tiene claro, sabe que la pasión es una
gran fuerza que desata la creatividad y te lleva más allá de uno mismo, por eso
se encarga de transmitir ese amor a sus alumnos desde el primer momento en que
comenzó a enseñar: “soy profe de karate desde los 16 años, mis alumnos van
desde 4 años hasta los 53 y tengo un grupo de 6 chicas que están entrenando
para competir”.
“Hago lo que
me gusta”. Es por eso que el deseo del capitán tucumano es tener, en un futuro próximo, su propio lugar de prácticas y sus propios alumnos: “Priorizo mucho mi
trabajo y mi deporte. Me dedico a
transmitir lo que me gusta”. Y anheló: “Una vez retirado me gustaría
ser coach o técnico y brindarle a la selección argentina muchos talentos”.
“Era muy apegado a mi abuelo Osvaldo que
falleció hace 6 años. Nunca pudo verme
competir, pero si me vio entrenando. Siempre me acuerdo cuando yo volvía, él me
esperaba con una tortilla calentita y
café con leche. Y me acuerdo también de
una frase que me dijo: 'viví y amá vivir', y creo que hasta hoy lo sigo
haciendo”.
Por: Anabel Orellana
Instagram / twitter: @anyorellok













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