Omar Enrique Soria, de 51 años, es chef profesional e instructor de Aikido. En esta sección nos cuenta qué pasó por su cabeza al momento de convertirse en profesional de la cocina, su amor por la disciplina japonesa y algunas otras cosas que sucedieron a lo largo de su vida.
Nació y creció en Villa 9 de Julio, a sus 22 ingresó a la marina, donde pasó 19 años de su vida y por circunstancias personales tuvo que volver a su hogar.
“No me arrepiento de haber dejado mi carrera militar por estar con mis padres, dado que son personas grandes y con enfermedades propias por su edad, ellos y mi hija son lo más importante de mi vida”.
El Aikido (arte de la paz, camino de la armonía) es un arte marcial tradicional moderno de Japón. La característica fundamental consiste en la neutralización de uno o más adversarios, armados o no, en el menor tiempo y espacio posible e independientemente de la masa, género, edad o fuerza física del practicante.
EL DOJO, SU LUGAR "Son muchos los recuerdos con el aikido, pero me quedo con la buena onda de cada entrenamiento, pelea y la cordialidad de las personas que rodean el entorno".
¿Qué te impulsó para comenzar esta práctica?
“Considerando que siendo chef profesional debo cuidar mis manos por razones obvias. Pero a su vez necesitaba algo para liberar el estrés, así como ejercicio activo. Al ver las técnicas del Aikido, y más específicamente en el actor que catapultó a este arte a la pantalla grande, Steven Seagal, quien es conocido en el cine por tener una forma muy peculiar y ruda de luchar, alejada de la espectacularidad habitual en este género; la suya es básicamente una forma basada en golpes tajantes, puñetazos y patadas lineales provenientes del Karate tradicional en combinación con las inmovilizaciones y lanzamientos típicos del Aikido. Me encantó y desde entonces no dejé de practicarlo desde hace 24 años”.
¿Y esa fue la razón por la cual decidiste volverte instructor?
“La razón de ser ahora instructor es una consecuencia de varios factores, entre ellos la amabilidad de mi Sensey Armando Hamada de confiar en mí para tal efecto, la constancia siempre a las prácticas aún en los peores momentos personales tanto físicos como anímicos, la docencia de querer día a día seguir creciendo a través del Aikido que es un ‘estilo de vida’, la empatía con mis compañeros porque ahí aprendemos a valorar y valorarnos como seres humanos ya que el Aikido es un sentimiento (de percibir, sentir) aprendemos a conocer con quien estamos practicando en el Dojo (lugar de práctica) y en la vida cotidiana con nuestros semejantes. En síntesis, quiero transmitir lo poco que sé, para formar mejores seres humanos”.
¿Cómo sería el paso a paso para llegar a ser un instructor de Aikido?
“El cinturón es aquello que nos mantiene unidos con nosotros mismos en momentos difíciles, es lo que nos mantiene enteros y nos vuelve a sostener en la determinación de seguir practicando frente a las adversidades; es el compañero mudo de nuestras dudas y de nuestras frustraciones; así como de nuestras alegrías, triunfos y evolución permanente. Las graduaciones son el reflejo de cada etapa que atravesamos. Desde el inicio de nuestra práctica y a medida que vamos consiguiendo nuevos logros, la graduación cambia porque nosotros cambiamos al alcanzar nuestras metas; impulsándonos a mejorar día a día”.
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Habla y se llena de emoción, en sus ojos se nota: “El cinturón negro, aunque en realidad es el primer paso. Este cinto es el símbolo de madurez, aquí es donde el camino recién comienza. Pero en realidad eso sería en la parte marcial, creo que mi mayor logro será, como nos decía mi maestro, cuando aprenda a ‘centrarme en la vida’ en todos los sentidos y tratar de cometer los menos errores posibles”.
En medio de los rostros que practican esta disciplina, logro observar como su sobrino, que lo acompaña a menudo al dojo, disfruta de ver a Omar en acción, "ya vas a ver que debajo del kimono, lleva una pequeña toalla para secarse la transpiración", le comenta a su primo que esta al lado. Esto parece ser que algún día Mariano seguirá los pasos de su tío.
LA COCINA COMO SU OTRA PASIÓN
“Mi pasión por la gastronomía, digamos, comenzó cuando era niño, y si tuviera que elegir entre ambas, me inclinaría por la cocina, no hay nada más lindo que ver una sonrisa de satisfacción en el rostro de un comensal, y si algo falla, es mejor decirlo para poder mejorar”, y además añadió que es un sueño a cumplir el tener su propio local de comidas y prefiere cocinar a leña.
EL COMIENZO
"Mi madre, 'Doña Rosa' en las tardes de invierno de mi infancia, me preparaba unos riquísimos buñuelos, allí comencé la práctica, para luego comenzar mi carrera en 2011".
Mayra Carabajal
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